Portofino, antes de que llegaran todos

Agosto 20266 min de lectura
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Una tarde de agosto en la piazzetta, cuando los barcos eran aún pocos y el tiempo se medía en cafés.

Hubo un tiempo en que las vacaciones eran un rito. Se partía en junio, se volvía en septiembre — con pocas cosas bien elegidas y sin prisa por contarlo. Había pocas fotografías, y menos telegramas todavía.

No es nostalgia: es un método. Elegir menos, elegir mejor, y dejar que el tiempo haga el resto. La costa enseña justo esto, a quien tenga ganas de escucharla.

«No hay prisa. Estamos de vacaciones.»

El resto de esta nota se guarda en el cuaderno de casa. A los miembros del Club les llegarán las páginas siguientes por correo, como se hacía antes.