Elogio de la esfera discreta

Julio 20264 min de lectura
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Por qué un reloj discreto dice más que uno llamativo. La lección de quienes nunca tuvieron prisa.

Hubo un tiempo en que las vacaciones eran un rito. Se partía en junio, se volvía en septiembre — con pocas cosas bien elegidas y sin prisa por contarlo. Había pocas fotografías, y menos telegramas todavía.

No es nostalgia: es un método. Elegir menos, elegir mejor, y dejar que el tiempo haga el resto. La costa enseña justo esto, a quien tenga ganas de escucharla.

«No hay prisa. Estamos de vacaciones.»

El resto de esta nota se guarda en el cuaderno de casa. A los miembros del Club les llegarán las páginas siguientes por correo, como se hacía antes.